| Cosme Díaz Moreno |
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Cosme Díaz Moreno, nació en La Membrilla (Ciudad Real) el 14 de septiembre de 1929, de donde con tres años salió para instalarse en el madrileño pueblo de Fuencarral, de donde se sentía verdaderamente originario. En los difíciles años de la posguerra, Cosme, recorre en innumerables ocasiones el trayecto entre Colmenar y Madrid haciendo el obligado estraperlo de pan, con el que consigue “algunas perras” con las que ayudar en casa. Desde bien joven siente una especial predilección por la mecánica en general y sobre todo la que conjuga con su gran afición: la bicicleta. En 1938, el joven Cosme comienza a trabajar en una también joven empresa ciclista: MACARIO-BERRENDERO, en la que ya bajo la tutela única de Macario Llorente, presta sus servicios durante nada menos que 47 años. ![]() Durante ese largo periodo se especializa en la fabricación de cuadros y las mas prestigiosas tuberías del sector han pasado bajo su soplete. Marcas como Columbus, Dedacciai y Reynolds han tenido en Cosme un artesano que ha mimado cada unión para conseguir la excelencia en cada una de sus realizaciones. ![]() ![]() Habitual de los, por aquel entonces muy populares Seis Días de Madrid, Cosme trabajó con el mejor pistard español de todos los tiempos, el mallorquín Guillermo Timoner. ![]() Al regreso de aquel Tour de 1960 se casa con Leonor. Fruto de aquella unión nacen Ángel Luis y Marivi. ![]() Corredores como Miguel Ángel Martín Perdiguero “Perdi”, José Luis Rebollo, Rubén Lobato, José Ángel Gómez Marchante, Luis Pérez y el llorado Antonio Martín le confiaban sus maquinas desde juveniles hasta incluso cuando ya eran reconocidos profesionales. ![]() Éramos muchos los que disfrutábamos de la charla tranquila “del abuelo” como cariñosamente le conocíamos, aunque pasar una tarde en el taller era un privilegio que unos pocos privilegiados hemos podido disfrutar, pues para el la compañía de la radio era todo lo que necesitaba cuando se ponía a soldar. ![]() Sus famosos “50 gramos de jamón en tacos” daban muestra del fino humor que gastaba Cosme, que con su sencillez habitual disfrutaba como del mejor manjar si le presentabas unos tomates de los buenos, eso si, siempre pelados. |















